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sábado, 28 de julio de 2012

Sansón y Dalila


Superproducción del gran Cecil B. DeMille. El director transforma una temática compleja, de base resbaladiza y de dificultad considerable, como es el relato bíblico que nos ocupa, la leyenda de Sansón y Dalila, centrándose en las relaciones entre ambos, sin olvidar en ningún momento el contexto que las condiciona, en un film denso y apasionante, de un turbador erotismo e incansable complejidad en todos los niveles. A destacar la interpretación de Hedy Lamarr, está sencillamente deslumbrante. Es ella la verdadera protagonista del film, puesto que sobre su personaje se sostiene el dramático desarrollo de toda la película. Por otra parte, Victor Mature cumple con creces, aunque quizá esté un poco más limitado por la benevolencia de su personaje. Sin embargo, en las escenas íntimas con Lamarr, en las que es presa de la pasión que siente por ella, está sencillamente arrebatador. La fotografía es maravillosa. La puesta en escena estupenda y, las escenas finales sencillamente espectaculares. DeMille consigue imprimir al film un aura de misticismo embriagador, como sólo lo consiguen los mejores sueños. Poética y metafórica. Película mítica llena de delirio emocional. Sublime.

TÍTULO ORIGINAL Samson and Delilah
AÑO 1949




DIRECTOR Cecil B. DeMille
GUIÓN Jesse L. Lasky Jr. & Fredric M. Frank
MÚSICA Victor Young
FOTOGRAFÍA George Barnes
REPARTO Victor Mature, Hedy Lamarr, George Sanders, Angela Lansbury, Henry Wilcoxon, Olive Deering, Russ Tamblyn, Fay Holden
PRODUCTORA Paramount Pictures
PREMIOS 1950: 2 Oscars: Mejor dirección artística, vestuario color. 5 nominaciones


SINOPSIS Adaptación del famoso relato bíblico del forzudo Sansón y la bella Dalila, ambientado en la Palestina del año 1000 A.C.

Los dies mandamientos (1923)

TÍTULO ORIGINAL The Ten Commandments
AÑO 1923




DIRECTOR Cecil B. DeMille
GUIÓN Jeanie Macpherson
MÚSICA Película muda
FOTOGRAFÍA Bert Glennon, J. Peverell Marley, Ray Rennahan, Archie Stout (B&W)
REPARTO Theodore Roberts, Charles de Rochefort, Estelle Taylor, Julia Faye, Terrence Moore, James Neill, Lawson Butt, Clarence Burton, Noble Johnson, Edythe Chapman, Richard Dix, Rod La Rocque, Leatrice Joy, Nita Naldi, Robert Edeson
PRODUCTORA Paramount Pictures


SINOPSIS Primera épica bíblica de la historia de Moisés dirigida por el propio Cecil B. DeMille, y que se superaría a sí mismo con creces en su remake de 1956. Se narra la historia de Moisés desde su infancia, cuando su madre lo abandonó en las aguas del río Nilo y fue salvado por la hija de Ramsés I, hasta la revelación de los Diez Mandamientos en el monte Sinaí.


Los diez mandamientos (1956)


Cecil B. DeMille realizó durante más de dos años su propio remake de "Los diez mandamientos" con mucho más dinero, medios y equipos pero sin talento ya que eso no se puede comprar. Lo que fue su última película tanto dirigida como producida por él, se ha convertido en su obra más conocida, aunque no es la mejor. DeMille, hijo de inmigrantes holandeses, se entretuvo mientras tanto a colaborar con el senador MCarthy en la caza de brujas que se realizó en Hollywood. En lo más puramente cinematográfico la película tiene un perfecto acabado en todo lo referente a aspectos técnicos, especialmente efectos especiales, fotografía, vestuarios y unos magníficos decorados. Los actores en general no pueden lucirse mucho debido a la solemnidad de las situaciones que provoca una cierta teatralidad que no va en favor de los diálogos, además la dirección de actores, algo pésimo en DeMille, no está a la altura. Charlton Heston va de menos a más en la película, siendo más convincente por su caracterización que por su actuación. Resulta en general más sugerente Yul Brynner, sin olvidar a la bellísima Yvonne De Carlo. La música del entonces joven compositor judío Elmer Bernstein no es de la mejores de su carrera. La película a pesar de que tiene momentos de cierto tedio recobra protagonismo en la última hora cuando los efectos especiales y todo la carga espectacular se va imponiendo. El problema de esta película es que no se hace una exégesis o hermenéutica de la Biblia, y en vez de leerla en clave simbólica, tal y como hace la Iglesia desde el Concilio Vaticano II, se interpretan los hechos tal como viene, con el riesgo de caer en integrismos, en este caso sionistas, que justifican la ocupación ilegal de todo el territorio palestino en nombre de su Dios.


La Biblia no es un libro histórico sino un libro religioso que utiliza un lenguaje literario; valiéndose de narraciones, imágenes, metáforas y símbolos. El peligro es cuando eso se interpreta por parte de algunos de forma literal. En definitiva una película para disfrutar y animar a leer la Biblia pero con espíritu crítico, única forma de poder avanzar por el hombre. La película, un clásico del cine bíblico, tiene sin embargo algunas lecturas no tan favorables. En primer lugar, desde el punto de vista de la adaptación bíblica, tiene varias imprecisiones destacables. Un Moisés excesivamente caudillista y aclamado cuando Moisés era un tipo un problemas de oratoria y Aarón el gran comunicador, lo cuál aparece a la inversa. Resulta curioso como se extiende en la primera parte de la historia (más de la primera hora de película se presenta como un auténtico culebrón), del que apenas se menciona nada en la Biblia y en cambio el tema del desierto y el viaje hacia la Tierra prometida se resuelve en dos plumazos. Otra cosa curiosa es la aparición de los ismaelitas (futuros musulmanes) dando cobijo a Moisés y hablando de monoteísmo, algo insólito, ya que en aquel instante eran todos politeístas. También señalar como se intenta acercar y presentar más que el Dios de la Torá, un Dios pensado para los cristianos con mensajes globales y de hombre en su conjunto y excluyendo en la medida de lo posible el Dios de los judíos, que era realmente lo que dice la Biblia, pero claro el mensaje debía ser más amplio para llegar a mayor público.




TÍTULO ORIGINAL The Ten Commandments
AÑO 1956




DIRECTOR Cecil B. DeMille
GUIÓN Aeneas MacKenzie, Jesse L. Lasky Jr., Jack Gariss, Fredric M. Frank
MÚSICA Elmer Bernstein
FOTOGRAFÍA Loyal Griggs
REPARTO Charlton Heston, Yul Brynner, Anne Baxter, Edward G. Robinson, Yvonne De Carlo, Debra Paget, John Derek, Cedric Hardwicke, Nina Foch, Martha Scott, Judith Anderson, Vincent Price
PRODUCTORA Paramount Pictures
PREMIOS 1956: Oscar: Mejores efectos visuales. 7 nominaciones
1956: Nominada al Globo de Oro: Mejor actor drama (Charlton Heston)
1956: National Board of Review: Mejor actor (Charlton Heston)


SINOPSIS Antiguo Egipto. Espectacular superproducción que narra la historia de Moisés (Charlton Heston), favorito de la familia del faraón, que decide renunciar a su vida de privilegios para conducir a su pueblo, los hebreos, hacia la libertad. Drama bíblico con un deslumbrante reparto de estrellas de Hollywood. Obtuvo siete nominaciones a los Óscar -incluyendo mejor película- y se llevó el más obvio: el de los mejores efectos especiales.

martes, 3 de julio de 2012

El signo de la cruz


Una de las más brillantes y polémicas películas históricas del épico Cecil B. DeMille, que ya en el cine mudo había dado muestras de su magna visión cinematográfica con títulos como Los diez mandamientos (1923) y Rey de reyes (1927). En esta ocasión, y sobre el texto de una obra de Wilson Barrett, nos cuenta la historia de cómo Nerón incendió Roma culpando de ello a los cristianos para justificar su persecución de cara al pueblo. Aunque lo más destacado de la función acabó siendo el latente erotismo mostrado por Claudette Colbert (como la malvada emperatriz Poppea), bañándose en leche de cabra ante la atenta y lasciva mirada de Nerón (un superlativo Charles Laughton).


Además, la película estaba repleta de orgías, sadismo y otras actividades sexuales, estrenándose íntegra ya que todavía no estaba instaurado el código censor. DeMille ya había dirigido una primera versión sobre el tema en 1914. Para este remake gastó 650.000 dólares, rodándola en tan solo ocho semanas. Constituyó un enorme éxito de taquilla y obtuvo una nominación al Oscar a la mejor fotografía (Karl Struss).

 DeMille era un director tan enérgico (o incluso más) que Ford, e infundía en sus rodajes una tensión que trascendía e impulsaba la acción con un ritmo vibrante que jamás desfallecía. Un buen ejemplo de esto es “El signo de la cruz”, rompedora en más de un sentido (casi “gore”), con el ínclito Fredric March (menudo carrerón) ejerciendo de macho alfa dominante. La película en sí retrata a la perfección los pormenores de la época, la visión de los cristianos como secta proscrita, y lo hace desde la dureza de lo que conllevaba (sin escatimar un ápice de violencia). Luego vendría LeRoy y nos ofrecería una versión más edulcorada y familiar. A la postre la moraleja es la misma, la fe inquebrantable más allá del dolor y el sufrimiento consigue la conversión del más incrédulo y escéptico (¿o tal vez fue el triunfo del amor sobre lo humano y lo terreno?). Con todo, altamente recomendable, para apreciar como se merece a un gran director. Excelente fotografía (gloriosas armaduras brillando al sol).

“El signo de la cruz”, de la que siempre se había dicho que como se hizo antes de que entrara en vigor la ley de censura que impuso el senador del Partido Republicano William H. Hays, conocida como el código Hays, Cecil B.DeMille realizó una película cargada de erotismo y de violencia con orgías y toda una serie de atractivos sensuales, que en realidad no es para tanto ni mucho menos.

Todo reside en la pericia de Cecil B. De Mille para insinuar y poner en pantalla el estímulo que hará que el espectador imagine y vea en su mente lo que no se ve en la pantalla. Unicamente, como siempre, hay más permisividad en el uso de la violencia y en los minutos finales en el circo romano, muy bien hecho por cierto.

Para mi gusto, lo mejor de la película es la fotografía sobre todo de los excelentes trajes de los romanos con armadura y la secuencia final en la que triunfa el amor sobre la muerte. Muy bien elegido el actor que hizo de Nerón, Charles Laughton, aunque prefiero el de Qwo Vadis, de Mervin Leroy con Peter Ustinov.


La famosa escena de Claudette Colbert que hace de Popea, la esposa de Nerón, bañándose en una piscina llena de leche de burra, sólo tiene de erotismo la cara de Popea, que es en realidad el elemento más sensual de toda la película, su cara. Lo demás son insinuaciones. El famoso tema de los pezones de la actriz mientras se baña es un visto y no visto insignificante.

La escena de la chica semidesnuda en el circo y el gorila que se acerca, no es nada porque se acerca y se cambia de escena y todo queda dicho por las caras de los espectadores romanos y por los gritos que se oyen, pero no se ve nada, al igual que la de la chica atada en horizontal para que se la coman cuatro cocodrilos, o los elefantes pisando las cabezas de los cristianos atados al suelo y el espectador se puede imaginar qué pasará pero no lo ve.

Toda la sensualidad de las llamadas orgías romanas se basa en trajes y sedas y en ese sentido es igual de efectiva su posterior película Cleopatra realizada después del código Hays y poco se tienen que envidiar en cuanto a sensualidad y no a erotismo que no lo hay.


La película recrea la vida bajo el Principado de Nerón. En ese trance, el Prefecto de Roma se enamora de Marcia, una joven cristiana. Pero, a su vez, en uno de los favoritos de Popea, la consorte del Emperador (Charles Laughton). Entretanto, se ve la predicación de Tito, discipulo de Pablo y la progresiva difusión del cristianismo, con sus seguidores reunidos en cónclaves secretos. También las salvajes costumbres circenses de Roma, luchas de gladiadores, mujeres contra enanos, y el lanzamiento de fieras sobre las personas, por ejemplo prisioneros cristianos. La película tiene buena indumentaria -no me convenció en cambio tanto la recreación del protagonista con aspecto del Dante, con una especie de capucha y laureles-. El ritmo es aceptable, pero tiene algunos altibajos, no logra ser tan atrayente como en otras películas del género. Por lo demás, escenas de elevado sadismo, como la de elefantes pisoteando personas, filmados con gran realismo, o una mujer sobre la que se lanza una manada de cocodrilos. En cojunto, se puede ver con algún interés.

TÍTULO ORIGINAL The Sign of the Cross
AÑO 1932




DIRECTOR Cecil B. DeMille
GUIÓN Waldemar Young & Sidney Buchman
MÚSICA Rudolph Kopp
FOTOGRAFÍA Karl Struss (B&W)
REPARTO Fredric March, Charles Laughton, Claudette Colbert, Elissa Landi, Ian Keith, Vivian Tobin, Nat Pendleton
PRODUCTORA Paramount Pictures
PREMIOS 1933: Nominada al Oscar: Mejor fotografía


SINOPSIS Imperio Romano, siglo I d. C. Después del gran incendio de Roma, el emperador Nerón, decide culpar a los cristianos y publica un edicto por el cual todos ellos deberán ser arrestados y enviados a la arena del circo. Entre los detenidos se encuentran dos viejos cristianos y la hermosa hija de uno de ellos, de la que se enamora Marcus: el más alto funcionario de Roma.
CRÍTICAS ----------------------------------------
"Gran película que sufrió las consecuencias de la entrada en vigor del código de censura de Hays" (Fernando Morales: Diario El País)
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lunes, 2 de julio de 2012

Cleopatra (1934) Cecil B. DeMille


Cecil B.DeMille narra en esta obra la historia de Cleopatra y sus diversas conexiones (sentimentales, de poder) con Roma con un sentido del ritmo y de lo visual efervescente.

En este filme nada es rutinario, todo rezuma pasión, belleza, exotismo... A DeMille no le interesa demasiado la veracidad de los sucesos históricos sino que los adapta para realizar una obra artística que refleja su sensual concepto de la narración cinematográfica.

Claudette Colbert realiza una interpretación excelente, evolucionado desde la inicial poca experiencia a la amargura. Adicionalmente cabe resaltar en especial las escenas del asesinato de Julio Cesar, la de la seducción de la protagonista a Marco Antonio y la de la frenética guerra entre Egipto y Roma. Obra atrayente, sintética, exuberante, con buenas interpretaciones, no obstante adolece de cierta falta de profundidad (atribuíble al guión; principalmente en lo que a la descripción de algunos personajes y situaciones se refiere) en determinados instantes que le impiden alcanzar la categoría de obra maestra.

 Aún no siéndolo, y a la espera de profundizar más en su metraje. Cleopatra de Cecil B.De Mille resulta sin duda una sublime obra cinematográfica especialmente disfrutable para los amantes del cine artístico y apasionado.


Superproducción histórica de Cecil B. DeMille (1881-1959). El guión, de Waldemar Young y Vincent Lawrence, desarrolla un argumento de Bartlett Cormack, basado en hechos históricos libremente dramatizados. El film se rueda en exteriores de CA (El Segundo y Muro) y en los platós de Paramount Studios (Hollywood). Nominado a 5 Oscar, el film gana uno (fotografía). Producido por Cecil B. DeMille para Paramount, se estrena el 5-X-1934 (EEUU).

La acción dramática tiene lugar en Alejandría (Egipto), Roma, Accio (Grecia) y otras localizaciones, entre los años 48 y 30 DC. La reina Cleopatra VII de Egipto (69 AC-30 AC), dispuesta a defender la soberanía e independencia del reino, no duda en emplear su atractivo y su poder de seducción, para manejar a su conveniencia los más altos cargos de Roma, Julio César (William) y Marco Antonio (Wilcoxon). En la batalla naval de Accio (2-IX-31 AC), sus tropas y las de Marco Antonio son derrotadas por Octavio. Cleopatra es manipuladora, caprichosa, atractiva, sensual y poderosamente seductora. Julio César es austero, fuerte, rudo, sincero, aficionado a las innovaciones mecánicas para usos militares (lanzadoras de flechas, de bolas de fuego...), la puntualidad y la diligencia. Siente pasión por el ejercicio del poder y la conquista de nuevos territorios. Goza de un sutil y agudo sentido del humor. Las preferencias de Marco Antonio son la bebida, la vida ociosa, la indolencia, los juegos de seducción y de amor y el lujo.


El film suma drama, historia, romance y guerra. El realizador se apoya en referencias históricas muy conocidas y míticas que usa como marco para el desarrollo de un relato melodramático con toques trágicos. Sobre esta base construye un film espectacular, comercialmente atractivo y capaz de movilizar a un público mayoritario. No le interesan los hechos históricos, que toma en su versión más plana, superficial y comercial, sin añadirles ninguna acotación analítica. Extrae de ellos un relato melodramático destinado a complacer los gustos populares menos exigentes. Con todo, la obra se presenta dotada de una memorable espectacularidad, un ritmo narrativo muy satisfactorio, una atractiva sensualidad y un admirable efectismo.

Al servicio de la espectacularidad emplea a 8.000 extras, unos decorados monumentales, unos pomposos movimientos de grúa y vistosas escenas multitudinarias. Cuida con particular atención la sensualidad de las escenas, que convierte en animados festines de baile, música, vino, lujuria y gula, sin cruzar nunca los límites de su estricta concepción mormónica de lo socialmente admisible. Presenta a Claudette Colbert como la mujer más hermosa, atractiva y seductora. Al servicio de este objetivo pone un vestuario brillante y de gran sensualidad, que somete a constantes cambios de formas, diseños y colores.

DeMille luce gran habilidad en la creación de escenas de masas. En unos casos las combina con la espectacularidad: entrada de César y Cleopatra en Roma, llegada de César al Senado, anuncio público de la muerte de César, etc. En otras ocasiones combina la grandiosidad con la acción: batalla naval y batalla terrestre de Accio, destierro de Cleopatra al desierto de Siria, asesinato múltiple de César, etc. Algunas escenas multitudinarias se combinan con fiestas fastuosas: fiesta de Calpurnia en Roma, fiesta de Cleopatra en Alejandría, espectáculos festivos en el interior de la nave de Cleopatra en la travesía a Alejandría, etc.

Incorpora escenas blancas de punzante erotismo, como la de las muchachas disfrazadas de tigresas sometidas y dominadas por un domador. Es rica en sugerencias eróticas la secuencia de la seducción de Marco Antonio en la nave de Cleopatra. Hace uso de apuntes crueles, como la gran rueda de púas que aplasta a los guerreros en la batalla de Accio, rostros ensangrentados y desfigurados por la lucha, el ensañamiento en el asesinato de César, etc. Ofrece dos planos submarinos sorprendentes, que acompañan la batalla naval de Accio. Añade un punteado de humor ligero y sofisticado, con referencias a la muerte, los envenenamientos de Cleopatra, los cambios de calendario introducidos por César, los malos augurios, etc.

Es el séptimo film sonoro del realizador, que se adaptó con rapidez y comodidad a las nuevas técnicas. Formó parte del lote de films vendidos por la Paramount a la Universal en un momento de dificultad económica. Otros films dedicados a la figura de Cleopatra son “César y Cleopatra” (Pascal, 1945), “Las legiones de Cleopatra” (Cottafavi, 1959), “Cleopatra” (Mankiewicz, 1963) y “Marco Antonio y Cleopatra” (Heston, 1972).

La música, de Rudolph G. Kopp ("El valle de la venganza", Thorpe, 1951), envuelve la acción en una atmósfera sonora de musical americano ingenuo y grandilocuente. La fotografía, de Victor Milner ("Union Pacífico", DeMille, 1939), en B/N, combina planos generales que resaltan la espectacularidad con planos medios y primeros planos más bien intimistas. La cámara se mueve con diligencia sin escatimar desplazamientos vertiginosos. El vestuario y los decorados interiores reproducen la estética de la “Belle Époque”, con añadidos orientalizantes (tocados egipcios, figuras de leonas...). Colbert pone de manifiesto sus dotes de gran actriz.

Restaurado digitalmente, el film elogia la alegría de vivir, los juegos de seducción, la capacidad de resistencia, la lucha por la independencia, el gusto por el espectáculo y el amor verdadero.

TÍTULO ORIGINAL Cleopatra
AÑO 1934




DIRECTOR Cecil B. DeMille
GUIÓN Waldemar Young & Vincent Lawrence
MÚSICA Rudolph Kopp
FOTOGRAFÍA Victor Milner (B&W)
REPARTO Claudette Colbert, Warren William, Henry Wilcoxon, Joseph Schildkraut, Gertrude Michael, Ian Keith
PRODUCTORA Paramount Pictures
PREMIOS 1934: Oscar: Mejor fotografía. 5 nominaciones


SINOPSIS En el año 48 A.C., Cleopatra da la bienvenida a Julio César. La llegada del mandatario romano mejorará su posición, a la vez que la de César. Cuando éste muere, Cleopatra se sentirá atraída por Marco Antonio. Su romance será una fuente inagotable de problemas.